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Una tierra consagrada al mar

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Antes de que las costas del Algarve se llenaran de turistas fueron territorio de pescadores y marineros. En algunas localidades siguen siendo ellos los que manejan el rumbo con encanto.
La tradición marinera del sur de Portugal tiene siglos de historia. Es una zona rica en yacimientos arqueológicos fenicios y tartesios, pueblos que mantuvieron redes comerciales a través del Mediterráneo. Pero el antes y el después de la navegación del Algarve fue la época de las expediciones portuguesas por los océanos Atlántico e Índico. Un periodo de conquista, saqueos y, también, de descubrimientos.

Entre los grandes hitos del país, destaca el hallazgo de la ruta hacia Asia a través del Cabo de Buena Esperanza. Esta fue la continuación de la ruta del algaravío Bartolomé Díaz que partió desde Lisboa. El Algarve se convirtió entonces en uno de los puntos principales de entrada de los materiales comerciales y tuvo el mayor crecimiento de su historia. De esta época data la fortaleza de Sagres, que era parada obligatoria de los barcos provenientes de Venecia. Debido a su historia y excelente conservación, hoy es Monumento Nacional y cuenta con una sala de exposiciones y área de descanso para todo aquel que la visite.

La región del Algarve también se vuelca en el mar para aprovechar los recursos que proveen sus aguas. De hecho, la tradición pesquera y la navegación de cabotaje no pueden desligarse de su historia marítima. Actualmente, muchos pueblos siguen siendo tierra de pescadores. Las callejuelas estrechas de Ferragudo o Alvor, las casas encaladas de Cacela Velha o la exuberancia natural de Odeceixe son testigos de las salidas diarias de los trabajadores del mar para faenar.

Una cuestión fundamental para pescar en la zona es la licencia. En los cajeros automáticos se pueden obtener permisos para pescar durante un mes, por 15 €, o para todo el año, por 40 €. También es posible adquirirlos en las tiendas especializadas, en los clubes de pesca e, incluso, a través de Internet. Pero si lo que se quiere es probar puntualmente esta experiencia, lo mejor es contratar una excursión cerca del Cabo de San Vicente o Sagres, donde están las agencias especializadas.

Las redes vuelven llenas de especies de pescados a la lonja, para después pasar a las mesas de los restaurantes que se han instalado sobre los acantilados. Destacan el atún, las doradas, los jureles, las sardinas y los róbalos. La costa vicentina, en concreto, es rica en tiburón azul, merluza, pez espada, sargo y corvina. Aunque en toda la región existen buenos caladeros, en la parte sureña destacan especialmente las áreas de Vila Real de Santo Antonio, Mantarrota, Olhão y Tavira.

El entrante típico de los restaurantes tradicionales del Algarve es un paté de sardinas, pan y agua. A esto le sigue un mundo de colores y sabores en los que el pescado es el protagonista. Se cocina asado, a la parrilla o 'grelhado' y muchas veces con guarnición de arroz. Entre todos los platos, sobresale la cataplana, el guiso de pescado y marisco tradicional. Un buen restaurante para probarla es el Nelson's Restaurante Bar, en la Albufeira. Sus productos son frescos y la relación calidad-precio es excelente.

No hay excusas, pues, para conocer la cara marítima del Algarve. Ya sea en alta mar o sentados a la mesa de un buen restaurante.

La cataplana

Este plato es un guiso de pescado y marisco cocinado en un recipiente llamado cataplana. Esta cazuela esférica es deudora del tajine árabe, algo que refleja la herencia de este pueblo en el sur de Portugal. Más tarde, el recipiente se adaptó a las costumbres algarvianas. Del barro se pasó al zinc y en la actualidad son de acero inoxidable o de aluminio, con un baño de cobre. La base de la receta es un sofrito de cebollas, ajo y pimientos, al que se añade tomate y agua. A veces se cocina con carne, pero no es la receta tradicional.

El uso turístico

En el Algarve es habitual que los locales salgan a pescar con regularidad. Basta con tener una caña y un anzuelo, pero también es posible hacerlo en otras modalidades más complejas. Entre estas, destaca la pesca submarina, ya sea en apnea o con oxígeno. Para su práctica hay que tener en cuenta las bajas temperaturas de las aguas algarvianas y contar con el equipo adecuado. Existen varios clubes y academias que organizan salidas para 'amateurs'. Aunque se puede pescar en todo el Algarve, destaca el entorno de Sagres y la costa vicentina, con sus lubinas, doradas y sargos.