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René Magritte y el surrealismo belga

Salón de la Casa de Magritte
Casa de Magritte
Taberna La Fleur en Papier Doré

© visitbrussels / Luc Schrobiltgen © visitbrussels / Luc Schrobiltgen © WBT / J.P. Remy

Magritte, Delvaux o Ensor son sólo algunos de los artistas bruselenses que abrazaron los principios del surrealismo, movimiento artístico que surge a finales de la Primera Guerra Mundial.
Aunque oficialmente nació en Francia en los años 20 del siglo XX como heredero del dadaísmo, el surrealismo adoptó su propio lenguaje en Bélgica de la mano de las mencionadas grandes figuras del movimiento. El fracaso de dos grandes ideales justificaron su aparición: la internacionalización y el positivismo. Muchos de los artistas belgas estaban ligados a tendencias políticas consideradas subversivas –comunismo, trotskismo, maoísmo–, pero la Guerra Mundial acabó con el sueño de la revolución y de la construcción de un mundo más justo, cuyas clases trabajadores pudieran hacer frente al capitalismo. Ante tal desencanto, los surrealistas belgas buscaron la unión de lo real con de lo imaginario y lo expresaron a través de disciplinas artísticas como la escritura, la pintura, la escultura o el cine.

La primera gran figura del surrealismo belga fue René Magritte (1898-1967), pintor, escultor, diseñador, fotógrafo y cineasta. En la actualidad, es tal la importancia de Magritte en Bélgica que tiene un museo propio y además existen rutas turísticas ligadas a su figura y a su obra. En establecimientos como el café La Fleur en Papier Doré o Le Greenwich aún es posible recrear la atmósfera inquietante que rodeaba sus encuentros con otros artistas mientras conversaban o jugaban al ajedrez.

En cuanto a su obra pictórica, podemos decir que sus primeros trabajos reflejan un Magritte influido por las obras impresionistas, aunque también se nota el conocimiento del cubismo, el orfismo, el futurismo y el purismo. El giro radical de su pintura se produce al descubrir ‘La canción de amor’, del italiano Giorgio de Chirico. Desde ese momento, Magritte se despoja de sus referencias anteriores y construye un estilo propio, muy descriptivo. Se centra en expresar una realidad insólita y poética, en la que el título de la obra se convierte en una pista para resolver el enigma que plantea el lienzo. Creador del denominado “realismo mágico” en pintura, las obras de Magritte analizan las relaciones entre las palabras, las imágenes y los objetos que representan. Entre sus trabajos más representativos están las pinturas con motivos de manzanas, pipas de fumar, sombreros o siluetas dispuestas en un universo onírico.

Paul Delvaux y la figura femenina

Partiendo del neoimpresionismo y el expresionismo, la obra de Paul Delvaux (1897-1994) siempre será reconocida como surrealista. El descubrimiento de la pintura de René Magritte hizo volar su creatividad y dio lugar a sus célebres desnudos femeninos ubicados en ambientes oníricos. Participó en la Exposition Internationale du Surréalisme de París (1938) y en las muestras que siguieron en Ámsterdam y México.

James Ensor, simbolista de referencia para las vanguardias

La vida de James Ensor (1860-1949) transcurrió casi en su totalidad en la ciudad flamenca de Ostende. De origen británico, llegó a la pintura por casualidad, aunque se formó con autores locales y posteriormente estudió en la célebre Academia de Bellas Artes de Bruselas. Su estilo personal, que comenzó bajo la influencia del simbolismo, marcó la obra de los expresionistas y de los primeros surrealistas. Formó parte de Los XX, un grupo de artistas belgas que impulsaron las vanguardias pictóricas a partir de 1883.

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