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Día de Muertos: México se llena de vida

Calaveras del día de muertos
Calaveras del Día de Muertos
Día de Muertos en Ciudad de México
Decoración Día de muertos
Altar del día de muertos

Salvador Altamirano on Unsplash

Mexico celebra la muerte como un acto de reencuentro con los seres queridos. Convierte el Día de Muertos en su mayor fiesta, en un evento icónico de su folclore.
Calaveras sonrientes invaden las avenidas: son máscaras tras hordas de mexicanos eufóricos que bailan, cantan y festejan. La mayoría son cempasúchiles que impregnan con su fuerte olor selvático cada rincón. El dos de noviembre es un día peculiar en Ciudad de México. Sus infinitas calles se llenan de color y de las tonalidades vibrantes de miles de flores. Es el Día de Muertos, la mayor fiesta que uno puede conocer en este país. Un evento tan estético e irrepetible que la UNESCO lo ha declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Es una tradición que, lejos de perderse con el paso de los años, se asienta cada vez más. Unifica a la población porque todos, de cualquier estrato social, coinciden en la misma euforia. Se trata de una ceremonia religiosa, pero profundamente apegada al folclore. Los comercios se ven de pronto plagados de elementos decorativos, con calaveras y esqueletos de todos los tamaños, formas y colores. Y los hogares ponen altares y hacen ofrendas para recordar a los muertos. Pero sin tristeza ni añoranza, todo lo contrario: celebrando su recuerdo en un día tan señalado.

El Día de Muertos parte de una creencia azteca, pero se funde con el poso cristiano que dejaron las colonias españolas. Los indígenas veían la muerte como un punto de partida, un despertar y renacimiento a otro mundo mejor. Los españoles celebraban sus funerales con misas y ofrendas sobre las sepulturas de sus muertos. Los nativos mezclaron ambas tradiciones en la coincidencia del Día de Todos los Santos con el Día de Muertos, y le añadieron el componente festivo y optimista típico de la personalidad mexicana.

La tradición, como puede comprobarse en cualquier rincón de Ciudad de México y en el resto del país, se concreta en la ofrenda. Se trata de obsequiar a los difuntos con comida, bebida y objetos valiosos. Los aztecas creían que sus almas comenzaban después de la muerte un viaje largo que requería que los difuntos fueran enterrados con todo lo esencial para una travesía segura.

Hay varios rincones en Ciudad de México para disfrutar el Día de Muertos en toda su plenitud. El Paseo de la Reforma se engalana de arriba abajo con flores de cempasúchil y en las puertas de sus museos se colocan ofrendas. En el barrio de Mixquic, en el extremo sureste del Distrito Federal, el panteón de San Andrés se erige como escenario principal. Sus tumbas se cubren de flores, calaveras, azúcar y platillos de rica gastronomía oriunda, en honor a los difuntos. En sus calles uno se topa con conciertos, concursos de calaveras y hasta con un cortejo fúnebre escenificado, impregnado de humor mexicano.

Al contrario de lo que ocurre en otros países, en el Día de Muertos no predomina el negro sino la policromía y la felicidad. Hasta los niños pueden disfrutar de ese dos de noviembre. Por ejemplo: en el parque Ecológico Xochitla, cerca de Tepotzotlán, cada año hay conciertos y obras de teatro infantiles o concursos de disfraces.

La ofrenda

Es el acto sobre el que gira el Día de Muertos. Son los obsequios a los difuntos y se componen básicamente de frutos de la Tierra, como calabaza, mandarina, cañas de azúcar, o la manzana de Indias conocida como tejocote; del Viento, con incienso para marcar el camino a las almas en el aire; del Agua, con una jarra para que los espíritus calmen su sed; y del Fuego, con velas encendidas en los cuatro puntos cardinales para orientarles en su viaje. A esto se añaden objetos de los difuntos, como fotografías o herramientas.

Platillos mexicanos

No hay una regla unificada más allá de que los platillos, o platos tradicionales que se preparan para celebrar ese día, deben ser 100% mexicanos. Por ejemplo, los tamales guanajuatenses, que son tortillas con relleno rojo y verde en las que no faltan la carne de cerdo, el chile y el cilantro. También es fácil encontrar por las calles de Ciudad de México enchiladas envueltas en hojas de agave, los mixiotes, que suele ser de carne de cordero con nopales, pimienta, chile, carne y multitud de especias aromáticas.

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