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Christiania, un reducto revolucionario

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Barrio de Christiania

News Oresund on Foter.com / CC BY sabrina.ariana148 on Foter.com / CC BY

En uno de los países más prósperos de la Unión Europea aún pervive una comuna ácrata, al más puro estilo ‘hippie’ de los sesenta.
Cuando el Parlamento danés decidió que sus tropas debían salir de la ciudad, no pensó que las más de 30 hectáreas de terreno que ocupaban iban a tener un uso tan diferente. Era la Guerra Fría y el miedo a que la Unión Soviética atacara los cuarteles hizo que se alejaran de los espacios habitados. Los edificios abandonados fueron paulatinamente ocupados desde el verano de 1971 por decenas de hippies, anarquistas, estudiantes o artistas. Al principio se instalaron, creando sus propios hogares y, como la cosa crecía, comenzaron a reunirse para diseñar unas normas de convivencia. Poco a poco las edificaciones se quedaron pequeñas y muchos llevaron sus propias tiendas de campaña o furgonetas. Luego, una obra aquí, un muro allá, y en pocos años se transformó en un vecindario.
Discutieron una serie de leyes que protegieran la diversidad y la horizontalidad en la comunidad. No fueron muchas, ya tenían previamente las del estado danés. Decidieron que en el barrio estaban prohibidas las armas, el consumo de drogas duras (las blandas sí se permitían), armar jaleo o las peleas; y definieron la ley más importante: poder expresarse libremente como miembros de una comunidad liberada de políticos y jueces.
Crear un espacio sin humos fue otra de sus preocupaciones. En aquellos tiempos hasta los músicos más reconocidos, como John Mayall, cantaban sobre el peligro de la contaminación y la necesidad del reciclaje. El único humo que vas a encontrarte en este barrio es el del hachís o la marihuana, que consumen libremente muchos de sus habitantes y que compran habitualmente en los mercadillos de la calle Pusher.
Christiania también tuvo su guerra. Dos grupos de moteros quisieron hacerse con el control del cannabis en los años ochenta y tuvieron al barrio en jaque. Estas batallas fueron silenciadas por el Gobierno y obligaron a los vecinos a echar a las dos bandas rivales. Aprendieron mucho de ello, sobre todo que no es fácil ser libre cuando otros no piensan como tú.
La policía apenas entra, sólo de vez en cuando para hacer redadas en la calle Pusher, pero al barrio no le supone mayor problema. Mientras, sus más de mil habitantes se reúnen, discuten y toman sus propias decisiones asamblearias. Como si Rousseau hubiera hecho una de las pintadas que decoran los muros de las casas, el asunto más revolucionario se refiere a la propiedad de las viviendas: si te vas, la casa puede ser ocupada, da igual lo que te hayas gastado en levantarla, que la hayas decorado como un palacio o que estén ahí tus recuerdos. No existe la propiedad privada. Cuando una casa se queda libre, la asamblea decide cuál de los candidatos es el apropiado para ocuparla. Se vota y el nuevo vecino se instala.
Autocultura, autogobierno, autogestión forman parte de su normalidad desde los años ochenta. Pero la relación con el Estado danés ha tenido sus altos y bajos, dependiendo de si el Gobierno es conservador o más de izquierdas. Finalmente también ha entendido que puede sacar rédito turístico a la zona.
Mientras, los vecinos han creado una enfermería, una escuela, un centro cultural, reciclan la basura... una verdadera ciudad independiente. Habrá que disfrutarla mientras dure.

Bienvenido a la Unión Europea

Christiania tiene cuatro entradas, o cuatro salidas según se mire. En todas ellas figura un lema muy significativo: está usted entrando, o saliendo, de la Unión Europea. Lo que supone, sin duda, toda una declaración de intenciones. Aunque los vecinos no quieren que se les trate como a un reclamo turístico. Por eso decidieron varias normas: dentro del barrio no hay hoteles, no se puede hacer fotos ni tampoco correr. Vive tranquilo y deja las prisas para la Unión Europea.

Pusherman

Steppenwolf, el grupo que creó el himno generacional de ‘Nacido para ser salvaje’, ya cantaban la diferencia entre traficante (Pusher) y distribuidor (Dealer). Uno te ofrece dulces sueños y otro destruye tu cuerpo, eso decían. Las drogas sin duda son uno de los temas más comprometidos de la libertad. Muchos intentan atacar el sistema de vida de los vecinos del barrio por su permisividad ante las drogas blandas mientras muchas asociaciones en todo el mundo abogan, incluso en los congresos, por la legalización.

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