Amuletos omnipresentes: escoge el mejor souvenir
Ir a dar un paseo por el Gran Bazar es sinónimo de comprar un amuleto o un talismán turco como souvenir para atraer la suerte, la fortuna o la riqueza.¿Cuál es el tuyo?
Cuando llegues a Estambul te verás abrumado por la cantidad de amuletos que hay por todas partes. En las casas, las tiendas, los bazares y … ¡hasta en los taxis!
Seguramente el primero con el que te toparás (puede que incluso plasmado en un ala del avión en el que viajes a Estambul) sea el ojo azul. Comúnmente conocido como ‘ojo de la suerte’ (‘nazar boncuğu’ en turco) realmente representa el ojo del diablo y se utiliza para alejar el mal de ojo. Tiene forma de ojo porque se cree que es de ahí desde donde sale al exterior el mal de las personas. Es de color azul porque recuerda al agua, tan escasa e importante en la Turquía profunda . Fabricado en cristal, lo encontrarás también en sitios inesperados, como oficinas, bancos, medios de transporte… Aparece en forma de collar, pulsera, llavero o imán. Llévate uno porque, más allá de la propia leyenda, es un símbolo de la cultura otomana y de la Anatolia, compartido también por los griegos. Eso sí, ten en cuenta lo más importante: para que haga ‘efecto’ te lo tienen que regalar, no lo puedes comprar tú.
Otro de los amuletos que verás seguro es el de la mano. Se trata de ‘La mano de Fátima’, hija del profeta Mahoma. En líneas generales es un objeto de buena suerte. Erróneamente se ha considerado que sus cinco dedos representaban los cinco pilares del Islam. Sin embargo, el Corán prohíbe todo tipo de talismanes y supersticiones por lo que esta afirmación es incorrecta. La leyenda más extendida es que Fátima se encontraba preparando la cena cuando su marido Alí llegó a la casa con una nueva concubina. Tal fue la decepción de la mujer, que sin querer se cortó con el cuchillo y siguió removiendo el arroz sin darse cuenta del dolor de su mano, sintiendo únicamente el de su corazón. Durante la noche, espió a los nuevos amantes, y después le hizo saber a su esposo el dolor que sentía mientras le caía una lágrima por su rostro. Alí cuidó a su mujer, mientras ella le instó a que dejara a su reciente conquista. Seguramente el marido no le hizo caso, por eso el amuleto representa la paciencia que trae consigo prosperidad, riqueza y fortuna. Es común regalarlo a las mujeres como joya, o tenerlo a las puertas del hogar o negocio. Algunas versiones incluyen además el ojo en el centro de la mano.
Existen además otras representaciones que no siendo amuletos se han convertido en pieza clave de la cultura turca. Es el caso del ‘kaftan’, el vestido tradicional otomano, y los derviches, los danzantes místicos. Así como la fruta y la flor típicas del país: la granada y el tulipán. La puerta de la Kaaba (en la Meca) entrada al paraíso, y el signo de tres círculos (similares al ojo azul) que representan la unión entre Europa, Asia y África. Para los turcos es muy importante la familia, representada también en el árbol de la vida. Y por supuesto no podía faltar la bandera roja del país ondeando en cada rincón de la ciudad.
A partir de ahora, cuando recorras las infinitas calles del Gran Bazar ya sabrás qué es todo lo que ves y cuál es su simbología. Llévate cualquier recuerdo en cristal, cerámica, plasmado en un tapiz o quizá en un cojín y trasladarás la suerte y el encanto místico de la capital turca directamente al salón de tu casa.
Seguramente el primero con el que te toparás (puede que incluso plasmado en un ala del avión en el que viajes a Estambul) sea el ojo azul. Comúnmente conocido como ‘ojo de la suerte’ (‘nazar boncuğu’ en turco) realmente representa el ojo del diablo y se utiliza para alejar el mal de ojo. Tiene forma de ojo porque se cree que es de ahí desde donde sale al exterior el mal de las personas. Es de color azul porque recuerda al agua, tan escasa e importante en la Turquía profunda . Fabricado en cristal, lo encontrarás también en sitios inesperados, como oficinas, bancos, medios de transporte… Aparece en forma de collar, pulsera, llavero o imán. Llévate uno porque, más allá de la propia leyenda, es un símbolo de la cultura otomana y de la Anatolia, compartido también por los griegos. Eso sí, ten en cuenta lo más importante: para que haga ‘efecto’ te lo tienen que regalar, no lo puedes comprar tú.
Otro de los amuletos que verás seguro es el de la mano. Se trata de ‘La mano de Fátima’, hija del profeta Mahoma. En líneas generales es un objeto de buena suerte. Erróneamente se ha considerado que sus cinco dedos representaban los cinco pilares del Islam. Sin embargo, el Corán prohíbe todo tipo de talismanes y supersticiones por lo que esta afirmación es incorrecta. La leyenda más extendida es que Fátima se encontraba preparando la cena cuando su marido Alí llegó a la casa con una nueva concubina. Tal fue la decepción de la mujer, que sin querer se cortó con el cuchillo y siguió removiendo el arroz sin darse cuenta del dolor de su mano, sintiendo únicamente el de su corazón. Durante la noche, espió a los nuevos amantes, y después le hizo saber a su esposo el dolor que sentía mientras le caía una lágrima por su rostro. Alí cuidó a su mujer, mientras ella le instó a que dejara a su reciente conquista. Seguramente el marido no le hizo caso, por eso el amuleto representa la paciencia que trae consigo prosperidad, riqueza y fortuna. Es común regalarlo a las mujeres como joya, o tenerlo a las puertas del hogar o negocio. Algunas versiones incluyen además el ojo en el centro de la mano.
Existen además otras representaciones que no siendo amuletos se han convertido en pieza clave de la cultura turca. Es el caso del ‘kaftan’, el vestido tradicional otomano, y los derviches, los danzantes místicos. Así como la fruta y la flor típicas del país: la granada y el tulipán. La puerta de la Kaaba (en la Meca) entrada al paraíso, y el signo de tres círculos (similares al ojo azul) que representan la unión entre Europa, Asia y África. Para los turcos es muy importante la familia, representada también en el árbol de la vida. Y por supuesto no podía faltar la bandera roja del país ondeando en cada rincón de la ciudad.
A partir de ahora, cuando recorras las infinitas calles del Gran Bazar ya sabrás qué es todo lo que ves y cuál es su simbología. Llévate cualquier recuerdo en cristal, cerámica, plasmado en un tapiz o quizá en un cojín y trasladarás la suerte y el encanto místico de la capital turca directamente al salón de tu casa.