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TUI DE

Los piratas canarios del Atlántico

Recreación desembarco de Tamasite
Llanos de Tuineje, escenario de la batalla
Línea defensiva Costa Norte
Torre del Tostón en El Cotillo
Cuevas de Ajuy, guarida frecuente de los piratas

El típico barco bucanero de recreo en algunos puertos de Fuerteventura parece algo de otra cultura y otra geografía. Pocos saben que la isla tuvo su propia historia de piratas.
Una isla a 100 kilómetros de las costas del continente africano con arenales inmensos, una población aborigen mínima especializada en mimetizarse con la naturaleza a la vista de cualquier barco y ensenadas naturales donde poder atracar. Un escenario idílico para cualquier historia de piratas. Es la Fuerteventura de principios del siglo XV. Una isla conocida y cartografiada, que ningún gobierno había reclamado aún como suya. Lo suficientemente cerca como para permitir incursiones desde la costa y un lugar perfecto para buscar tesoros o para esconderlos.
Hasta la llegada de los conquistadores normandos y castellanos, en 1403, la población de los dos reinos de la isla, Maxorata y Gandía, ya se las había visto con los piratas berberiscos del norte de África. Los nativos, llamados majos, desconocían los metales y no poseían nada de lo que en el resto del mundo se consideraban riquezas. Excepto a ellos mismos: hombres, mujeres y niños fuertes, pero incapaces de defenderse ante las sofisticadas armas de sus enemigos. Un botín sencillo y perfecto para los berberiscos, expertos conocedores del mercado de los seres humanos.
La situación no cambió con la llegada de los conquistadores. En un comienzo, se habla de guarniciones muy modestas, Fuerteventura fue tomada con 63 hombres que no representaban ninguna amenaza, al revés. Los recién llegados traían armas, provisiones y alzaban iglesias en las que depositaban sus reliquias. No había ningún motivo para interrumpir las continuas incursiones, que continuaron repitiéndose durante un par de siglos más.
Pero en el siglo XVII, los berberiscos se retiraron de la escena ante unos rivales de mucho mayor peso, los corsarios ingleses. El enfrentamiento con los navíos españoles por el comercio con América que sucedía en el Caribe era exportable a aquella pequeña isla atlántica en el camino de regreso de las Indias. En 1740, los corsarios ingleses comenzaron una captura sistemática de barcos españoles en Gran Tarajal y Tarajalejo. Los navíos fueron despojados de sus cargas y vendidos con posterioridad, en Madeira. En apenas dos meses La Santa Bárbara, El Fandango, La Estrella y bergantines individuales cayeron en manos de los corsarios, sin que la población local de Fuerteventura pudiera hacer nada. Hasta que decidieron oponer resistencia.
El 13 de octubre de ese mismo año, un grupo de locales, armados con palos y piedras plantó cara a los 53 corsarios ingleses desembarcados en Gran Tarajal, consiguiendo acabar con las vidas de 33 de ellos y apresar al resto. Un mes después, el corsario Davidson desembarcó en la misma zona comandando una fuerza de 55 hombres. Las recién creadas milicias les esperaban con la fuerza que les había infundido la anterior victoria y las armas conseguidas en la batalla anterior. Los 55 corsarios ingleses perdieron la vida en el llano de Tuineje, en una batalla que supuso un hito para ambas partes: Inglaterra dejó de considerar a Fuerteventura un lugar desprotegido y la isla comenzó a levantar sus propias defensas frente a las incursiones marítimas.
El viajero encuentra en todos los municipios y playas mencionadas lugares en los que empaparse de esta historia pirata. Se puede, por ejemplo, disfrutar de un paseo en una réplica de barco pirata, la conocida goleta Pedra Sartaña, que recorre el mar frente a la costa sur de la isla, en Morro del Jable. Otra opción muy corsaria es visitar las cuevas piratas de Ajuy, donde las historias cuentan que estos bucaneros escondían sus tesoros. Allí se viven a fondo estas leyendas de abordajes y piedras preciosas, mientras se disfruta de la posibilidad de realizar buenas fotos.

Trescientos años después

Cada año, el municipio de Tuineje continúa celebrando las dos victorias locales de octubre y noviembre sobre los corsarios ingleses. En una recreación lúdica en la que diferentes voluntarios encarnan las dos facciones convenientemente caracterizados, así, se recrea el desembarco. La dramatización de la denominada batalla, o victoria de Tamasite, se hace en el programa de las Fiestas Juradas de Tuineje y está considerada como un Bien de Interés Cultural. Un festejo muy atrayente con el que lanzarse al abordaje.

El nacimiento de las fortalezas

Tardaron casi tres siglos en erigirse, pero, finalmente, en la isla de Fuerteventura se ordenó la construcción de torres fortaleza dentro de una política de avistamiento y defensa frente a amenazas venidas del Atlántico. Algo que no deja de ser paradójico, puesto que los conquistadores de la isla también, evidentemente, habían llegado por mar. El Reino de España envió a la isla al ingeniero Claudio de Lila y, bajo sus instrucciones, se construyeron las torres fortalezas de Tarajalejo, el Tostón y Caleta de Fuste. Esta última sigue siendo de especial belleza.

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