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TUI DE

Vivir del viento

Festival Internacional de windsurf
Molino tradicional en La Oliva
Parque Eólico
Kitesurf
Práctica del Land sailing

Fuerteventura, como todo el archipiélago canario, se ve influida durante el año por los vientos alisios, que suavizan sus temperaturas y configuran el modo de vida de la isla.
Cuenta la leyenda que Fuerteventura no estuvo siempre barrida por los vientos, que en tiempos de la conquista era un lugar calmado y selvático. Hasta que una anciana indígena, Laurinaga, los invocó clamando a sus dioses en busca de venganza contra un caballero español que había dado muerte a su hijo. Dicen que el viento sopló desde entonces, convirtiendo la antigua Erbania en un lugar seco y que, así, sucederá hasta que la isla desaparezca en el mar del que salió, barrida por los vientos.
Fuerteventura ha sabido reinventarse, ha hecho de sus arenales donde nada crece inmensas playas para los turistas y ha convertido su clima en el motor de su economía. Los molinos diseminados por toda la isla hablan ya de la importancia que la fuerza del viento tuvo a la hora de extraer el agua de pozos subterráneos, o de elaborar el gofio, el cereal tostado base de la comida aborigen y que aún hoy está presente en muchos platos.
Del viejo molino, fundamental para el precario desarrollo agrario de la isla, se ha pasado al aerogenerador, al parque eólico que produce electricidad en un archipiélago que necesita urgentemente energías alternativas a las tradicionales. En las Islas Canarias, el coste de producir electricidad usando combustibles fósiles es extremadamente caro, debido a su fragmentación y a su lejanía del continente, mientras que el coste del megavatio por hora producido por la fuerza del viento se reduce a menos de la mitad. De ahí que las islas apuesten decididamente por las energías renovables, que ya han hecho de otra de las islas del archipiélago, El Hierro, un ejemplo de autoabastecimiento y eficiencia energética.
Asimismo, en la nueva Fuerteventura el viento, antaño molesto para los habitantes, ha pasado a ser el factor de atracción de visitantes que ven en él una promesa de diversión a la hora de practicar deportes. La isla importó el windsurf para atraer un turismo joven para quienes el viento, lejos de ser un problema, era un valor añadido, Ante el resultado de esa fórmula, los deportes de playa se multiplican: navegación a vela, ‘kitesurf’ o el más novedoso ‘landsailing’, una especie de kart sin motor, fácil de encontrar en las amplísimas playas de Fuerteventura en las que, además, la amplitud facilita la práctica de todas estas disciplinas deportivas.
Pero, ¿no frena el viento constante a otros veraneantes, menos interesados en la práctica deportiva? Pues parece que no. La ocupación hotelera de Fuerteventura se mantiene tan alta durante todo el año que todo hace pensar que el beneficio supera a las molestias. Además, las ubicaciones más turísticas están a sotavento. La parte norte de la península de Jandía, a barlovento y mucho más expuesta, carece de infraestructuras hoteleras, pero es precisamente ese aire asilvestrado el que atrae hasta ahí a viajeros en busca de otras sensaciones.
Entre las playas de Fuerteventura destaca la de Cofete, un paisaje único apenas sin gente. Pero también las arenas de Corralejo cercanas a su parque natural, la de La Concha en el Islote de Lobos, o los más de dos kilómetros de Costa Calma.

Recuerdos de otra época

En el interior de la isla, los molinos son una constante. Forman parte de la historia de Fuerteventura y de cómo su población supo aprovechar los escasos recursos que poseía. Algunos de ellos, abiertos al público, constituyen auténticas ventanas abiertas al pasado y a los modos de vida tradicionales. No hay que dejar de visitar el Molino de Antigua o los de Tiscamanita. Hoy son una reliquia, pero cuando las costas simbolizaban el peligro y estaban despobladas, la vida del valle del Río Palmas, la zona más fértil de Fuerteventura, giró literalmente en torno a ellos.

La isla del viento

En Fuerteventura conviven un centenar de escuelas de ‘windsurf’, ‘kitesurf’ y ‘landsailing’, que rivalizan por hacer vivir al turista su propia experiencia ayudadas por la fuerza del viento. Las especiales condiciones geológicas de la isla también lo permiten: las lagunas de Sotavento, en la península de Jandía, con la marea alta son un tranquilo mar interior de no más de 70 centímetros de profundidad. Y con la marea baja, se convierten en un campo perfecto, llano y de arena mojada, para la práctica del landsailing.

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