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TUI DE

¡Saboooooor!

Moros y Cristianos
Picadillo a la criolla
Langosta enchilada
Mojito
Daiquiri

El resultado de combinar recetas ancestrales de los nativos taínos con la cocina española y africana hace de la gastronomía cubana algo único. Y muy saboroso.
La cocina de la isla es reflejo del crisol de culturas que han pasado por ella. Durante la época colonial, los cocineros solían ser esclavos africanos. Ellos introdujeron especias, tubérculos (‘ñame’) o frutos como el ‘quimbombó’. Años después, los inmigrantes chinos también aportaron nuevos ingredientes, del mismo modo que los haitianos, cuyo legado a la gastronomía de la isla se mantiene hoy día en los nombres de varios platos.

Entre los ingredientes más populares destacan el arroz, los frijoles y la yuca. Los dos primeros se utilizan en la elaboración de platos típicos como el llamado Moros y cristianos. Se prepara con frijoles negros o con ‘congrí’ (vocablo de origen haitiano), un delicioso estofado de frijoles rojos, cerdo, chicharrones y arroz. El ‘congrí’ oriental, de influencia africana, mezcla los frijoles colorados y el arroz con numerosos condimentos y un poco de bacon. La yuca ya la cultivaban los nativos antes de la llegada de los europeos, igual que otros tubérculos como la batata y el boniato. En los restaurantes la sirven con mojo, una salsa compuesta por aceite, ajo, pimienta, sal y limón. El ‘ajiaco’ es otro de sus platos célebres, está elaborado con tasajo y verduras. También lo llaman ‘sancocho’ o ‘caldosa’.

El lechón es muy habitual en distintas preparaciones, ya sea asado o frito. Los tostones o chatinos (plátanos verdes fritos) son parte importante de muchas recetas. El resultado de freír verduras con carne es la conocida como ‘ropa vieja’, otro manjar muy tradicional en La Habana. Una receta parecida es el sabroso ‘picadillo a la criolla’, en el que se mezclan distintos tipos de carne con verduras, frutas, aceitunas y diversas especias, lo que da como resultado un plato delicioso y muy completo. Y los amantes de la comida picante se deleitan cuando prueban el ‘rabo encendido’, un guiso de rabo de res con salsa de ajíes picantes. A pesar de sus kilómetros de costa, la oferta de pescados y mariscos no es la protagonista de los menús de La Habana. Platos como la langosta enchilada o el tamal (guiso de mariscos muy condimentado) únicamente se sirven a los turistas.

Los cócteles típicos del país, exportados a todo el mundo, llevan un ingrediente común: el ron. Los más célebres son el mojito, hecho a base de este alcohol, limón, hojas de hierbabuena, azúcar, soda y hielo; el daiquiri, (o daiquirí) combinado de ron, azúcar, limón, licor marrasquino y hielo, y el popular cubalibre, una mezcla de ron con Coca-Cola, limón y hielo. El Ron Collins es parecido al mojito, pero sin las hojas de hierbabuena. Menos conocido es el telegrama, a base de ron, licor de menta y hielo.

Las bebidas sin alcohol como los zumos de frutas tropicales también tienen mucho potencial en La Habana. El agua de coco, bebida con pajita directamente del fruto, es una delicia que todo visitante debe probar en su visita a la isla. Otra opción parecida es jugo de guarapo, elaborado con zumo de caña fermentada. Y para cerrar la oferta líquida: el refresco oficial cubano es la Tropi Cola, una alternativa a la Coca-Cola, aunque más dulce.

La cerveza, bebida predilecta

La cerveza llegó a La Habana en 1762, cuando los ingleses tomaron la ciudad. Su consumo se disparó rápidamente incluso entre niños, pues le adjudicaban propiedades beneficiosas para la salud. A mediados del S.XIX comenzaron a fabricarla, aunque sustituyendo la cebada por jugo de caña, y no fue hasta finales de siglo cuando nació La Tropical. Poco a poco fue mejorando su receta y consiguió extenderse por el resto de las islas caribeñas e incluso ganar premios internacionales. Más tarde surgieron otras marcas como Hatuey o Polar. Las cervezas extranjeras no podían competir en el mercado cubano.

Las que están por beber...

Los turistas siempre cuentan que en sus vacaciones en La Habana no sienten igual los efectos del alcohol y lo achacan al clima, a la humedad. Nada más lejos de la realidad. La razón está bien clara en las etiquetas de la mayoría de las botellas: la graduación del alcohol es diferente en Cuba que en el resto del mundo. En la mayoría de las botellas encontraremos los grados que tiene esa bebida y su equivalencia con la graduación internacional. Como dicen los cubanos: "no nos interesan las bebidas, sino las que están por beber".