La ciudad sin memoria
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¿Te imaginas derribar las pirámides de Keops “porque hay que modernizarlas”? ¿O que se decidiera tirar el Big Ben para colocar en su lugar un reloj digital? Ésta es la filosofía de Las Vegas: reinventarse o morir.
La vida de los casinos en Las Vegas es tan breve como el parpadeo de las luces de neón. Al contrario que en el resto del mundo, donde se procura preservar los edificios antiguos como patrimonio histórico y testigos mudos del paso del tiempo, en la 'Ciudad del pecado' prefieren derribarlos, como si quisieran que no quedara evidencia alguna de lo que allí ha sucedido. Al fin y al cabo, “lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las Vegas”. Reducido a polvo y cenizas si hace falta.
El último en sufrir esta suerte ha sido el Clarion Hotel, en febrero del 2015, el decimotercero desde que empezara esta moda de “detonar el pasado” en el año 1993. La primera víctima fue el mítico hotel Dunes, abierto en 1955 con la promesa de convertirse en un oasis en el desierto de Nevada. Lo consiguió durante un tiempo, incluso Frank Sinatra actuó allí. Hoy, el majestuoso Bellagio ocupa su lugar.
Otro de los hoteles más clásicos reposa bajo los cimientos del Venetian: The Sands, el casino que vio nacer al Rat Pack –el clan Sinatra– formado por Dean Martin, Sammy Davis Jr., Peter Lawford, Joey Bishop y el propio Sinatra. Fue demolido en 1996, treinta años después de su época dorada. Su recuerdo vive en la película original Ocean’s Eleven y en los discos del cantante de ‘My Way’.
La despedida más traumática fue quizá la del Stardust. Abrió sus puertas en 1958, tenía aproximadamente 1.000 habitaciones y estaba ambientado en el espacio. En la cultura popular se le recuerda como el lugar que inspiró la película ‘Casino’ (1995) de Scorsese, basada en la vida de dos mafiosos que controlaban el casino para la Mafia de Chicago. En 2007 fue implosionado con casi doscientos kilos de dinamita.
La amnesia de Las Vegas para con sus edificios más emblemáticos tiene algo de obsesión, como si quisiera vivir en una eterna juventud que le obliga a deshacerse de los recuerdos. Quizá tenga algo que ver que su pasado esté plagado de sombras: el crimen organizado gobernó la ciudad hasta principios de los ochenta, y los grandes nombres de los hoteles y casinos van unidos al de los grandes capos. El hotel Flamingo, por ejemplo, debe su nombre a las piernas de Virginia Hill, novia del mafioso Bugsy Siegel que fue el impulsor del proyecto. La mafia imprimió en Las Vegas ese carácter glamouroso y decadente que la convirtió en la ciudad del pecado. Aún así, probablemente sea el poderoso caballero don Dinero quien una vez más tenga la respuesta de por qué este desdén hacia su historia. No lo decimos nosotros, lo dice el personaje de De Niro en ‘Casino’: “Después del Tangiers, las grandes corporaciones tomaron el control. Hoy en día esto parece Disneylandia". Tras la retirada de la mafia, las grandes corporaciones como Caesars Entertainment o MGM Resorts International construyeron los mega-resorts que hoy conocemos y, a su lado, los viejos hoteles de los años 50 y 60 empezaron a quedar obsoletos.
El Cortez y The Golden Nugget son dos de los poco supervivientes a esta fiebre por el derribo. Poco tienen que hacer frente a la piscina del MGM Grand Hotel o los efectos especiales del volcán del Mirage. Lo que nos ofrecen son pedacitos de esa historia que Las Vegas se niega a recordar.
El último en sufrir esta suerte ha sido el Clarion Hotel, en febrero del 2015, el decimotercero desde que empezara esta moda de “detonar el pasado” en el año 1993. La primera víctima fue el mítico hotel Dunes, abierto en 1955 con la promesa de convertirse en un oasis en el desierto de Nevada. Lo consiguió durante un tiempo, incluso Frank Sinatra actuó allí. Hoy, el majestuoso Bellagio ocupa su lugar.
Otro de los hoteles más clásicos reposa bajo los cimientos del Venetian: The Sands, el casino que vio nacer al Rat Pack –el clan Sinatra– formado por Dean Martin, Sammy Davis Jr., Peter Lawford, Joey Bishop y el propio Sinatra. Fue demolido en 1996, treinta años después de su época dorada. Su recuerdo vive en la película original Ocean’s Eleven y en los discos del cantante de ‘My Way’.
La despedida más traumática fue quizá la del Stardust. Abrió sus puertas en 1958, tenía aproximadamente 1.000 habitaciones y estaba ambientado en el espacio. En la cultura popular se le recuerda como el lugar que inspiró la película ‘Casino’ (1995) de Scorsese, basada en la vida de dos mafiosos que controlaban el casino para la Mafia de Chicago. En 2007 fue implosionado con casi doscientos kilos de dinamita.
La amnesia de Las Vegas para con sus edificios más emblemáticos tiene algo de obsesión, como si quisiera vivir en una eterna juventud que le obliga a deshacerse de los recuerdos. Quizá tenga algo que ver que su pasado esté plagado de sombras: el crimen organizado gobernó la ciudad hasta principios de los ochenta, y los grandes nombres de los hoteles y casinos van unidos al de los grandes capos. El hotel Flamingo, por ejemplo, debe su nombre a las piernas de Virginia Hill, novia del mafioso Bugsy Siegel que fue el impulsor del proyecto. La mafia imprimió en Las Vegas ese carácter glamouroso y decadente que la convirtió en la ciudad del pecado. Aún así, probablemente sea el poderoso caballero don Dinero quien una vez más tenga la respuesta de por qué este desdén hacia su historia. No lo decimos nosotros, lo dice el personaje de De Niro en ‘Casino’: “Después del Tangiers, las grandes corporaciones tomaron el control. Hoy en día esto parece Disneylandia". Tras la retirada de la mafia, las grandes corporaciones como Caesars Entertainment o MGM Resorts International construyeron los mega-resorts que hoy conocemos y, a su lado, los viejos hoteles de los años 50 y 60 empezaron a quedar obsoletos.
El Cortez y The Golden Nugget son dos de los poco supervivientes a esta fiebre por el derribo. Poco tienen que hacer frente a la piscina del MGM Grand Hotel o los efectos especiales del volcán del Mirage. Lo que nos ofrecen son pedacitos de esa historia que Las Vegas se niega a recordar.