Qué comprar en Lisboa
Cuando quieras llevarte un recuerdo de tu viaje y surjan las dudas, recuerda que en Lisboa la fórmula ‘comida, bebida o artesanía’ siempre es un acierto.
Vino: blanco o tinto, el Oporto es el más conocido de los vinos portugueses. Se produce en la región del Alto Duero y se caracteriza por su dulzura y su intensidad aromática. La costumbre es tomarlo de postre, maridado con queso o como digestivo, en el caso del tinto. El blanco es más apropiado para saborear con los aperitivos. Muy empleado en alta cocina y buen acompañante de un chocolate bien caliente, el Oporto es uno de los vinos más sociales que existe.
Los ‘vinhos’ verdes, llamados así por el color de sus viñedos, son frescos y ligeros, de color ambarino y se producen en la región de Minho, en el noroeste del país. El más conocido es el Alvarinho, similar al Albariño de Galicia (España). Combinan muy bien con pescados y mariscos. Se puede encontrar en tiendas especializadas como Galeria Wine Shop, Mercearia, Venha Vinho, Oficina do Vinho, Adivinho.
Ginjinha: aguardiente de guindas, azúcar y canela originario de Lisboa que los portugueses adoran porque es como la ‘pócima mágica de la abuela’ que cura todas las enfermedades. Se puede adquirir en supermercados, tiendas de licores o en el famoso bar A Ginjinha, cerca de la plaza del Rossio.
Artesanía: Portugal siempre ha destacado por sus mantelerías y cerámicas hechas a mano, aunque hoy en día la oferta es demasiado turística y sus precios elevados. En la zona de la Baixa existen aún tiendas tradicionales donde el precio es mejor. Llama la atención un espacio dedicado a lo mejor de la artesanía portuguesa, A Arte da Terra. Aquí artesanos, escultores, diseñadores y joyeros exponen sus obras. Cada año celebra cuatro o cinco exposiciones; destacan la de San Valentín, en febrero (Lisboa es la ciudad de los enamorados), San Antonio (junio) y Navidad.
El Gallo de Barcelos: es el ‘souvenir’ por excelencia, no sólo de Lisboa sino de todo el país. De vivos colores sobre fondo negro, decoran paños de cocina, toallas, delantales, llaveros... Hay para todos los gustos y utilidades.
Conservas: siendo una ciudad bañada por el Atlántico, las conservas de pescado son muy típicas en toda la nación, por lo que no está de más llevarse un recuerdo del océano enlatado. En el centro de la capital, Conserveira de Lisboa (abierta desde 1930) vende latas de atún, de sardinas, de caballa, enteras o en mousse, envueltas a mano en un papel de diseño ‘vintage’.
Pasteles de Belém: conviene adquirirlos el último día ya que suelen aguantar otros tres. Sean de Belém o de cualquier otra pastelería, son el regalo dulce perfecto.
Los ‘vinhos’ verdes, llamados así por el color de sus viñedos, son frescos y ligeros, de color ambarino y se producen en la región de Minho, en el noroeste del país. El más conocido es el Alvarinho, similar al Albariño de Galicia (España). Combinan muy bien con pescados y mariscos. Se puede encontrar en tiendas especializadas como Galeria Wine Shop, Mercearia, Venha Vinho, Oficina do Vinho, Adivinho.
Ginjinha: aguardiente de guindas, azúcar y canela originario de Lisboa que los portugueses adoran porque es como la ‘pócima mágica de la abuela’ que cura todas las enfermedades. Se puede adquirir en supermercados, tiendas de licores o en el famoso bar A Ginjinha, cerca de la plaza del Rossio.
Artesanía: Portugal siempre ha destacado por sus mantelerías y cerámicas hechas a mano, aunque hoy en día la oferta es demasiado turística y sus precios elevados. En la zona de la Baixa existen aún tiendas tradicionales donde el precio es mejor. Llama la atención un espacio dedicado a lo mejor de la artesanía portuguesa, A Arte da Terra. Aquí artesanos, escultores, diseñadores y joyeros exponen sus obras. Cada año celebra cuatro o cinco exposiciones; destacan la de San Valentín, en febrero (Lisboa es la ciudad de los enamorados), San Antonio (junio) y Navidad.
El Gallo de Barcelos: es el ‘souvenir’ por excelencia, no sólo de Lisboa sino de todo el país. De vivos colores sobre fondo negro, decoran paños de cocina, toallas, delantales, llaveros... Hay para todos los gustos y utilidades.
Conservas: siendo una ciudad bañada por el Atlántico, las conservas de pescado son muy típicas en toda la nación, por lo que no está de más llevarse un recuerdo del océano enlatado. En el centro de la capital, Conserveira de Lisboa (abierta desde 1930) vende latas de atún, de sardinas, de caballa, enteras o en mousse, envueltas a mano en un papel de diseño ‘vintage’.
Pasteles de Belém: conviene adquirirlos el último día ya que suelen aguantar otros tres. Sean de Belém o de cualquier otra pastelería, son el regalo dulce perfecto.