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La cerveza, el combustible muniqués

Muniqueses bebiendo durante el Oktoberfest
Paulaner, una de las marcas de cerveza más famosa de Múnich
Biergarten de la Torre China, en el Jardín Inglés
Una de las carpas del Oktoberfest muniqués

Shutterbug Fotos on VisualHunt / CC BY-ND

Puede que para muchos la cerveza sea una simple bebida, pero para Múnich y su gente es una parte fundamental de su historia, de su economía y de su forma de vida.
Los monjes benedictinos del siglo VIII producían ‘pan líquido’ para nutrirse in ingerir alimentos sólidos durante el día y así cumplir con su voto de ayuno. Hoy en día a ese ‘pan líquido’ que surgió en el monasterio que hoy es la Iglesia de San Pedro le llamamos cerveza. La idea de los monjes benedictinos se popularizó entre las órdenes religiosas y pronto quedó ligada a la ciudad de Múnich. Su sistema de fabricación, además, sentó las bases de la industrialización de esta bebida.

La receta actual de la cerveza muniquesa tiene su origen en la Reinheitsgebot, una Ley de Pureza de la Cerveza Alemana proclamada en 1516 por Guillermo IV de Baviera. Este duque fue abuelo de Guillermo V, cuyas bodas se representan diariamente en la Marienplatz. Allí, el famoso carrillón del Nuevo Ayuntamiento realiza dos veces al día una pequeña escenificación de la ceremonia en que se comprometió con Renata de Lorena. En la parte baja del carrillón se muestra también la danza de los toneleros. Fue con este baile, cerveza en mano, como festejó la ciudadanía muniquesa el fin de la peste.

Años después aparecieron los 'biergarten' o jardines de cerveza. Su origen fue el original sistema de almacenaje que los fabricantes cerveceros idearon para sortear la limitación de producción de Alberto V. Ésta impedía producir cerveza del 23 de abril al 29 de septiembre, para evitar los incendios que las ollas de fermentación habían provocado otros veranos. Con el objetivo de conservar la cerveza en un ambiente fresco, los barriles de cerveza se almacenaban bajo un suelo de grava y castaños que le daban sombra. Así se evitó el desabastecimiento de la población durante la época estival.

Poco a poco, la gente que acudía a las fábricas para comprar esa cerveza en verano comenzó a bebérsela en bancos que las empresas instalaban bajo la sombra de los árboles. Hoy hay más de 600 establecimientos como estos a lo largo de la ciudad. Uno de los más pintorescos es el ubicado junto a la Torre China del Jardín Inglés. Tiene 7.000 puestos donde se pueden saborear los famosos 'mass', una jarra de cerveza 'pielsen' de litro.

Los principales fabricantes y distribuidoras de cerveza están ubicados dentro del territorio de Múnich. Esto es así porque el multitudinario Oktoberfest solo les garantiza la venta durante el evento si tienen sede en la capital. La concentración de cerveceras es, por tanto, un motor económico importante para la ciudad.

Las marcas Franziskanse y Augustiner son fabricantes desde el siglo XIV. Ambas pertenecían a órdenes religiosas y disponen de 'biergarten' propios, algo bastante habitual entre los productores. El de la Augustiner tiene 5.000 asientos. La Paulaner es, quizás, la empresa más conocida. Cuenta con una cervecería abierta al público desde 1889, donde se puede degustar cualquiera de sus variedades. Como curiosidad, el cliente puede presenciar cómo se produce la cerveza en los alambiques de cobre del mismo local.

La empresa Hofbräu surgió de la cervecería que en 1598 servía cerveza a la familia Wittelsbach. Hoy sigue abierta sin hacer distinciones de abolengo. Pero de todas las cervecerías, la más conocida es la Schneider, especialista en cerveza de trigo. Por lo general, los muniqueses consumen estas refrescantes bebidas con platos típicos alemanes como la salchicha, el codillo o el chucrut.

Es sabido que Alemania es territorio eminentemente cervecero, pero la ciudad de Múnich es un caso aparte. Esta bebida ha hecho posible que se sitúe como una de las ciudades más prósperas del Viejo Continente ya desde sus orígenes medievales. Y, cómo no, ha marcado el carácter de toda una población que no concibe el día a día sin la cerveza.

El Oktoberfest

Es uno de los festivales más populares del globo. Comenzó con la gran boda de finales de septiembre de 1810 que enlazaba al príncipe Luis de Baviera y a la princesa Teresa de Sajonia. Sus nupcias duraron cinco días. A las fiestas estuvo invitada la población muniquesa que, maravillada por el evento, decidió repetirlo año tras año en las mismas fechas hasta llegar al Oktoberfest actual. Actualmente, se sirven en cada edición alrededor de siete millones de litros de cerveza a cerca de seis millones de personas que lo visitan cada año.

Incendios sofocados con cerveza

Durante la construcción del Teatro Nacional de Múnich se llevó a cabo un ingenioso sistema anti-incendios basado en una cúpula invertida que almacenaba el agua de las lluvias para liberarla en caso de fuego. Cuando se produjo el incendio de 1823, este mecanismo falló, pues el agua estaba congelada por las bajas temperatura. Los muniqueses se vieron obligados a utilizar el ingenio e hicieron una cadena humana hasta la zona. Sofocaron las llamas… con cerveza.

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