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TUI DE

La muerte, celebrada por todo lo alto

Altar en el Día de los Muertos
'Souvenirs' de Catrinas
Panteón decorado para el Día de los Muertos
Esqueletos disfrazados en un cementerio mexicano
Niños disfrazados para el Día de los Muertos en Oaxaca

México afronta de forma alegre y colorida el final de la existencia. El Día de los Muertos es un tributo a los fallecidos a través del festejo de la vida.
El alma es inmortal. Este es el principio que compartían las culturas prehispánicas que habitaron en México. De un modo similar al que se creía en el Antiguo Egipto, todas ellas coincidían en que los seres humanos necesitaban herramientas, vestidos y comida para continuar su camino tras el fallecimiento.

En el calendario mexica hay, al menos, seis festividades relacionadas con los difuntos. La más importante era la Fiesta de los Descarnados, celebrada en el noveno mes de su calendario, próximo al agosto occidental. En esa fecha se honraban a Mictecacíhuatl y Mictlantecuhtli, señores del Mictlán: el reino de los muertos. Más tarde, este reino se dividió en subreinos para que los fallecidos se dirigieran a un determinado lugar según el tipo de muerte que hubieran tenido. Por ejemplo, el Tonacacuauhtitlan estaba reservado a los niños que morían sin haber probado el maíz. Según la mitología mexica, los muertos tenían que superar numerosos obstáculos en cada uno de los niveles del inframundo. La recompensa venía de parte del dios del Sol, Tonatiuh, quien les otorgaba el descanso eterno. El infierno no tenía las connotaciones negativas que sí posee en otras religiones como el cristianismo. Por eso, a la llegada de los colonizadores españoles en el siglo XVI se produjo un choque cultural y espiritual que se resolvió con el sincretismo de ambas culturas.

Este será el origen del Día de los Muertos actual, que desde entonces pasó a celebrarse el 1 y el 2 de noviembre, como dictaba el calendario católico. Estos días, y en muchas regiones mexicanas también los días anteriores, las familias se reúnen e instalan unos coloridos altares en las casas para honrar a los que ya no están. Además, acuden al cementerio para compartir con sus almas una jornada de música, alegría y gastronomía.

En la Riviera Maya, pese a su carácter turístico, esta festividad sigue celebrándose al estilo tradicional. Muchas de estas ceremonias tienen lugar en los cenotes de la zona, como Chac Mool o Xkekén, considerados accesos al ‘Mundo de los Muertos’ según los Mayas. A la orilla del agua, los allegados del fallecido levantan altares de dos, tres o siete niveles. A estos altares se ofrecen platos de comida tradicional mexicana y cacao o pulque, un licor precolombino de alta graduación. Es habitual que muchas de las familias permitan que los turistas contemplen esta original manera de homenajear a los familiares y amigos fallecidos. También les invitan a participar.

Desde hace más de una década, el ecoparque Xcaret se engalana con los colores amarillo y naranja de las flores de cempasúchil para celebrar el Festival de Tradiciones de Vida y Muerte. Son cinco días con una programación amplia y variada. Entre las actividades, destacan las obras teatrales dedicadas a la muerte o los talleres gastronómicos de 'Hanal Pixán', comida tradicional ofrecida a los muertos el 2 de noviembre. Junto a estas, se organizan danzas regionales, misas católicas o conciertos de música maya.

En esta misma línea festiva se celebra el 1 de noviembre en Playa del Carmen el Festival Catrina. Se trata de un desfile de disfraces donde la Catrina es la protagonista. Este personaje representa a la muerte vestida con ropa de las clases altas europeas en tono de burla. Durante la cabalgata, Catrinas de hasta tres metros desfilan por la Quinta Avenida bailando y lanzando caramelos a los niños. Tras el desfile, las Catrinas se fotografían con todo aquel que lo desee, señal de inicio de los conciertos de música popular.

Así han logrado convivir con la muerte las gentes de México. Con fiestas por todo lo alto. La asumen como una etapa de la vida que merece ser celebrada y el visitante puede sumarse a los festejos como uno más.

La tradición mexicana de las calaveras

En el siglo XIX, las calaveras mexicanas eran unos breves epitafios-epigramas lacónicos que se escribían para burlarse de la muerte en el Día de los Muertos. Se honraba así al fallecido en clave humorística, pero también se criticaba a otras personas, incluso a personalidades estatales o del mismo gobierno. Este “género literario” fue fuertemente censurado porque los funcionarios públicos eran quienes salían más perjudicados. Tras la Revolución mexicana resurgieron las calaveras dirigidas a personalidades como Diego Rivera. Actualmente, las calaveras literarias han dado paso a las calaveras de azúcar y de cerámica, uno de los 'souvenirs' más vendidos.

Fechas de celebración

Además del 1 y 2 de noviembre, fechas en las que conmemoran a los niños y adultos fallecidos, las poblaciones mexicanas festejan la muerte desde la última semana de octubre. Si el fallecido murió de forma violenta y repentina, se le honra el día 28. Si perdió la vida ahogado, el 29. El día 30 se homenajea a aquellos que murieron en soledad. Y el día 31, a los que no llegaron a nacer o murieron sin ser bautizados. El 3 de noviembre finalizan los festejos con un pequeño banquete de la comida y bebida sobrante de los días anteriores.

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